Saludos bombones!!
Disculpad mi ausencia de la semana pasada. Estuve bastante ocupadilla con algunas reformas legislativas de las que ya sabréis bastante los del gremio :S y la verdad es que cuando llegaba a casa, por mucho que intentara, en lo último en lo que me daba por pensar era en esto del blog.
Ya sabéis, la vida cibernáutica es la primera en sucumbir en los momentos de crisis existencial, jiji (por mucho que la crisis existencial no se refiera a cuestiones personales sino más bien a ciertas incongruencias que una ve alrededor). Las huelgas, las tasas judiciales, los recortes, la crisis de la negociación colectiva y la salubridad en Jerez o la absurda ley hipotecaria... (con mis disculpas para quienes no estén de acuerdo en encontrar ciertas opiniones de índole política o social en un blog de moda, estilo personal o como quiera llamarse)
Por mucho que me pusiera a escribir, no había forma de sacarme la vena divertida. Y eso que a veces creo vivir tan en los mundos de Yupi - como modo de vida plenamente asumido, claro está- que tengo la sensación de pasar mi existencia casi en la inopia.
Por mucho que me pusiera a escribir, no había forma de sacarme la vena divertida. Y eso que a veces creo vivir tan en los mundos de Yupi - como modo de vida plenamente asumido, claro está- que tengo la sensación de pasar mi existencia casi en la inopia.
La cuestión es que nadie es inmune a las desgracias, sean propias o ajenas, y teniendo en cuenta que una no se suele conformar por estos lares con eso de ir subiendo fotos de outfits a destajo, resulta un problema tener la moral por los suelos, especialmente cuando de lo que se trata es de procurar el propio entretenimiento y el de los demás.
Supongo que hasta ahí nos entendemos todos =)
El otro día, precisamente poco después de hacerme las fotos que os enseño hoy, la vida nos golpeó en la cara como si fuera una raqueta de badminton.
Y lo cierto es que si no os cuento la historia, por triste que le pueda parecer a alguien, reviento.
O_O
Ocurrió a eso del mediodía, justo después de comer. El Fotógrafo y yo íbamos riendo por la calle. Yo lo agarraba del brazo porque hacía frío y él me contaba sus historias. Tan en la inopia los dos como de costumbre. Íbamos a paso rápido camino de una confitería cercana a la catedral, se acercaba la hora de volver al trabajo y queríamos comprar algunos pasteles para la merienda.
Justo al doblar la esquina, en el escalón de una oficina bancaria ya cerrada había un chavalillo. Pelo castaño, ojos negros, veintipocos y barba escasa, con una camisa blanca asomando de su jersey azul inmaculado y vaqueros.
Nada que hiciera sospechar de la realidad si no hubiera sido por ese pequeño cestillo con dos o tres monedas dentro, colocado intencionadamente bajo sus pies.
Claro está que una, con toda la culpa del mundo, asume la existencia de la mendicidad como un mal frecuente y cotidiano. De pequeña identificaba a la persona sin hogar como alguien que probablemente no habría sabido gestionar bien su vida o alguien que por desgracia se habría visto envuelto en una serie de condicionantes sociales - llamémosle drogas, alcoholismo, exclusión social... - que no podían desembocar en otro destino que no fuera la calle.
Pero cuando la cosa afecta a alguien como tu, de tu misma escala social, de tu edad e incluso cuando aprecias esos pequeños detalles tan definitorios de un determinado nivel cultural/educacional, como puede ser la forma en que uno se sienta o dirige su mirada a los demás, amiguito... la cosa cambia.
Te paras a pensar en toda esa histeria colectiva que nos rodea, la crisis, los despidos, la terrorífica política de embargos - que empieza a afectar a gente que conoces-, piensas en esas personas a las que se les acaba el paro, y también en esas personas que directamente nunca lo tuvieron -por culpa de esa economía sumergida casi tan consustancial a nuestro carácter español-. Piensas en qué podría haberle ocurrido a ese chico de tu edad, si tal vez tiene familia o niños pequeños, qué será de él cuando se ponga enfermo o cuando llueva o haga más frío... Te da tiempo de discurrir todas esas cosas en la milésima de segundo en la que se cruzan vuestras miradas y no puedes evitar sentir vergüenza por esa vida que llevas, en los mundos de Yupi a todas horas.
Supongo que a él le debió hacer bastante gracia vernos doblar la esquina con el jolgorio que traímos, porque nos sonrió desde lejos abiertamente. No fue una sonrisa de autocompadecimiento, ni mucho menos de reproche, fue una sonrisa divertida, limpia, sin intenciones encubiertas. El Fotógrafo hacía chistes sobre mi malísimo gusto a la hora de elegir dulces, y yo no podía parar de reír. Debió resultarle entretenido. Y supongo que cuando tomamos consciencia de él y nos fijamos en ese pequeño cestillo con monedas, debió ser demasiado descarado que nos quedáramos ambos en silencio. No sé si eso le molestó, pero una no puede reír ante la desgracia ajena, son actitudes que surgen espontáneamente...
Estuve pensando sobre esto varios días, por qué él sonreía a pesar de su reciente desgracia y nosotros nos entristecimos amargándole quizás un poco la fiesta, y lo que ocurrió me lleva a pensar -aunque quizás me aventure demasiado, dada la gravedad de las circunstancias - que nadie es capaz en absoluto de decidir sobre las direcciones que toma la vida, el azar o la divina providencia, al fin y al cabo sobra decir que cualquiera puede verse en la situación de este señor, pero cada día estoy más convencida de que sí se es capaz de buscar los momentos de felicidad en las pequeñas tontadas que nos encontramos a diario, bien sean estas el rato escuchando música en el bus, el paseo de vuelta a casa, que el novio se recochinee en tu extraño gusto por las ensaimadas o la tarta de fruta, o una pareja de desquiciados riéndose a carcajadas de camino a una confitería.
A veces resulta extraño ver disfrutar a personas que consideramos en desgracia, pero visto lo visto, más extraño aún debe resultar ver a gente sentirse desgraciada teniendo todo lo necesario para que no sea así.
Nadie es inmune a sus propios dramas, pero cada cual tiene la llave de su propia felicidad, aunque sea sólo momentánea. Cuando lo puntual se convierte en costumbre, el problema se hace superable, y cuando un problema es superable, se suceden todas las condiciones para el cambio.
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Siempre hay dos opciones ante la dificultad: sufrirla o sobrevivirla.
Me arriesgo a convertirme en la típica señora que cuando tiene que vestir de luto, se planta un lazo jiji ;) ,
pero deseo de todo corazón que, además de que perdonéis el parrafón de hoy =) , os esforcéis en saborear esos ratillos que os sacan la sonrisa sin daros cuenta, tomar conciencia de ellos ayuda a sentirse afortunado. Quizás eso sea suficiente para cambiar nuestro destino, y si no es así, algo importante habremos ganado, un pedacito de felicidad.
Todos nos lamentamos, sufrimos y nos preguntamos "porqué señor por qué" con las manos al cielo - no creáis que hay muchas Scarlattas O´Hara por la vida ;)- , y probablemente todo eso es necesario para dar salida a la desdicha en el momento en que se produce.
Pero no podemos hacer del drama nuestro modo de vida, porque no hay peor desgracia, por mucho que imaginemos, que el autocompadecimiento.
Después de todo, cada uno elige como desea ver el vaso. Hay a quien le sale solo y otros nos esforzamos, pero si hay algo de lo que somos dueños sin condiciones, es de nuestra voluntad.
Aprender a dirigirla en los momentos de crisis es el reto =D
Me arriesgo a convertirme en la típica señora que cuando tiene que vestir de luto, se planta un lazo jiji ;) ,
pero deseo de todo corazón que, además de que perdonéis el parrafón de hoy =) , os esforcéis en saborear esos ratillos que os sacan la sonrisa sin daros cuenta, tomar conciencia de ellos ayuda a sentirse afortunado. Quizás eso sea suficiente para cambiar nuestro destino, y si no es así, algo importante habremos ganado, un pedacito de felicidad.
Todos nos lamentamos, sufrimos y nos preguntamos "porqué señor por qué" con las manos al cielo - no creáis que hay muchas Scarlattas O´Hara por la vida ;)- , y probablemente todo eso es necesario para dar salida a la desdicha en el momento en que se produce.
Pero no podemos hacer del drama nuestro modo de vida, porque no hay peor desgracia, por mucho que imaginemos, que el autocompadecimiento.
Después de todo, cada uno elige como desea ver el vaso. Hay a quien le sale solo y otros nos esforzamos, pero si hay algo de lo que somos dueños sin condiciones, es de nuestra voluntad.
Aprender a dirigirla en los momentos de crisis es el reto =D
♫ ♪ Phoenix - 1901♫ ♪
Jersey negro con detalles en los hombros: Stradivarius (de temporada)
Vestido de estampado leopardo: Primark (es de este verano, pero lo he visto todavía en Primark. Podéis verlo al completo - además de un poco de viajes y gastronomía- en esta entrada :)
Clutch/portadocumentos: ASOS
Mini-tacones rojos de ante": Marypaz
Hoy no le he hecho fotos al maquillaje, pero llevo la base Double Wear de Estee Lauder y polvos matificantes en el tono "Beach" de Nars;
En los ojos, un difuminado muy suave con la sombra de ojos/clon de la "satin taupe" de Mac - en la paleta de 26 sombras de Coastal-, delineado con un lápiz blando de Kiko y rimmel;
Como colorete he usado un rojizo satinado de la misma paleta de 26 sombras de Coastal, aplicado sólo en el pómulo y en sentido ascendente;
Y en los labios un rojo antiguo de Lina Bocardi, que heredé de mi madre y creo que ya no venden, pero lo cierto es que me resulta muy similar al Roby Woo de Mac (el color que, según dicen, utiliza Dita Von Teese casi siempre) .
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Pues nada bombones! después de casi una semana en el limbo, hasta aquí mis fotos, mis referencias, y mi reflexión insufrible de hoy, que la verdad, ha sido más un ejercicio de maduración personal y de superación de los propios fantasmas. Que falta me hacía, señor@s! La rutina a veces contribuye a que se te olviden cosas que antes te quedaban muy claras.
No sé si os pasará esto a veces, a unos les basta simplemente con reflexionar y otros necesitamos escribirlo ampliamente en un blog , jiji. Mientras sirva, bien está XD
Un besito enorme! y como diría Van Gaal con esa cara de cabreo tan incuestionable y ese acento holandés que contribuía aún más a la exigencia: siemprre positiffa!
Con esto y un bizcocho... hasta el próximo día!
XD
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Pues nada bombones! después de casi una semana en el limbo, hasta aquí mis fotos, mis referencias, y mi reflexión insufrible de hoy, que la verdad, ha sido más un ejercicio de maduración personal y de superación de los propios fantasmas. Que falta me hacía, señor@s! La rutina a veces contribuye a que se te olviden cosas que antes te quedaban muy claras.
No sé si os pasará esto a veces, a unos les basta simplemente con reflexionar y otros necesitamos escribirlo ampliamente en un blog , jiji. Mientras sirva, bien está XD
Un besito enorme! y como diría Van Gaal con esa cara de cabreo tan incuestionable y ese acento holandés que contribuía aún más a la exigencia: siemprre positiffa!
Con esto y un bizcocho... hasta el próximo día!
XD